#twecos: John Müller, columnista en medios de comunicación

“Hemos entrado en un rápido proceso de desglobalización”

 

Por Javier Labiano 05/06/19

¿Cómo valora la evolución de la economía española en el primer cuatrimestre de 2019?

Para mí, ha resultado sorprendente la fortaleza del crecimiento español, que ha superado las expectativas de casi todos los expertos. Detrás hay un potente impulso fiscal, que no es únicamente responsabilidad de Pedro Sánchez. Había mucho gasto público que entró en septiembre de 2018 y que estaba previsto en los últimos Presupuestos. Eso no era de Montero, era de Montoro. Sin embargo, la desaceleración global es un hecho y eso supone que los vientos de cola que han favorecido a la economía española se están agotando. Quizá, lo más preocupante sea la subida del precio del crudo. Creo que hay que vigilar muy estrechamente la balanza por cuenta corriente. Ella nos tendría que brindar las alertas necesarias.

Y, en este contexto, ¿qué comportamiento espera de los mercados este año?

No espero nada espectacular. Por un lado, el sector financiero está tan enormemente regulado que se ha convertido en un proxy de los poderes públicos. En segundo lugar, está sometido a unas tensiones enormes, por un lado, porque su reputación quedó muy tocada por la crisis financiera y, por otro, por el cambio tecnológico. Y eso no sólo tiene que ver con el desafío de las ‘fintech’, sino con el papel de fondo que la tecnología va a jugar en nuestras sociedades. Si la tecnología va a formar parte integral del sistema político, y con eso quiero decir que si va a ser capaz de modular al titular de la que hoy conocemos como soberanía nacional como hizo en el pasado la religión o el Estado-nación, eso también va a afectar al papel de la banca. Y, en tercer lugar, el escenario de tipos bajos se va a prolongar un poco más y eso es una mala noticia para los banqueros mediocres y malos.

¿Qué consecuencias pueden tener las tensiones de Estados Unidos con China y otros países?

Las peores. Las tensiones entre Estados Unidos y China se inscriben en el enfrentamiento lógico que se produce cuando una potencia emergente remplaza a una antigua en la primacía mundial. Este fenómeno ha sido violento en más de dos tercios de los casos históricos. Mi opinión es que hemos entrado en un rápido proceso de desglobalización que se inició con la crisis de 2008, se profundizó entre 2015 y 2016 con fenómenos como el Brexit y la elección de Donald Trump, y con la guerra comercial entre China y EEUU se ha hecho evidente para todo el mundo. Este proceso, a diferencia de la desglobalización que se produjo en los años 30 del siglo XX, se caracteriza por el hecho de que son democracias emblemáticas -el Reino Unido y Estados Unidos- las que se están identificando con la desarticulación del multilateralismo y la desglobalización. En los años 30, fueron regímenes autoritarios lo que lideraron este proceso.

¿Qué sabe del seguro de crédito y del papel que ha jugado en la crisis?

El seguro de crédito introduce elementos de garantía adicionales, no sólo jurídicas, sobre ciertas transacciones. Juega una labor fundamental, de gran valor añadido, para una economía como la española y es una de las áreas que más rápidamente detecta el surgimiento de las crisis. Para una etapa como la que se está abriendo, de tensiones en el comercio internacional y de creciente desglobalización, su papel será muy relevante.

¿Qué opina del nuevo aplazamiento del Brexit?

Creo que fue un error concederlo. Europa debió obligar a los británicos a que, si querían parar el reloj del Brexit, lo hicieran retirando la solicitud de activación del artículo 50 y volverla a presentar una vez que tuvieran claro lo que quieren hacer. Así, lo que ha quedado claro es que Bruselas cambiará sus decisiones todas las veces que sean necesarias para evitar un Brexit sin acuerdo. La decisión no fue buena para Europa y tampoco contribuyó a que los británicos se aclararan. Es increíble la ruina política y constitucional en la que se ha sumido el Reino Unido con este asunto. Y es importante que Europa no se contagie.

Un chileno como usted, ¿cómo ve la evolución de las empresas españolas en Latinoamérica? 

Bueno, yo llevo 30 años viviendo en España. Sé más de lo que pasa aquí que de lo que pasa ahí. Pero creo que ha habido un desarrollo desigual. Hay países, como Chile, donde estas empresas han llegado a controlar casi la mitad del PIB y han hecho una contribución significativa a la modernización de la economía y de las relaciones corporativas y laborales. También esas empresas se han beneficiado de la experiencia. Chile, por ejemplo, tiene un mercado pequeño pero muy dinámico y donde es muy interesante hacer experimentos y probar nuevos productos. En otros países como Argentina, la experiencia ha sido francamente mala y la desconfianza aún lastra la relación comercial. Otros, como Brasil o México, siguen ofreciendo oportunidades importantes para las empresas españolas, aunque no tienen el grado de estabilidad y desarrollo institucional que uno quisiera encontrar.

¿Se está produciendo también una apertura de empresas latinoamericanas al resto del mundo?

He visto ese fenómeno en Chile. Pero la mayoría prefieren saltar a los países vecinos antes que a Europa. O incluso prefieren invertir en Asia, Estados Unidos o Canadá antes que en Europa. Como sucede en el comercio internacional, la distancia también cuenta. Además, Europa es un mercado muy maduro en casi todos los segmentos.

Se prevé que para 2021 el e-commerce represente casi un 18% de las ventas minoristas mundiales. ¿Qué efectos tendrá este fenómeno en el comercio mundial?

El e-commerce es uno de los factores que está transformando el comercio mundial. Por una serie de razones, la venta por internet no está correctamente reflejada en las estadísticas de importación de productos ni en las de internación a través de aduanas. Esto está adulterando las estadísticas de comercio internacional porque no se sabe con exactitud cuánto está cayendo el comercio internacional y cuánto está siendo sustituido por la venta por otros canales, ya que hoy cualquiera encarga un producto a Shanghai o a Nueva York y lo recibe por correo. Creo, sin embargo, que este fenómeno creciente no se va a librar de los efectos de las guerras comerciales. Si las subidas arancelarias se mantienen, dentro de muy poco vamos a empezar a ver importantes restricciones a las ventas por internet mediante crecientes dificultades para cruzar las fronteras o un incremento del papeleo y las tasas que hay que pagar por importar productos de poco valor, lo que terminará por disuadir de su compra.