#twecos: José Ignacio Conde-Ruiz, subdirector FEDEA, profesor en la Complutense y en ESADE

“El I+D en España es un desastre”

Por Javier Labiano 15/11/19

¿Qué advertencias iniciales suele dar a sus alumnos en relación al funcionamiento de la economía?

Les digo que deben pensar por sí mismos, que no se crean nada, que tienen la suerte de estudiar economía y que esto les va a permitir adquirir unas herramientas muy útiles para hacer sus propios análisis y sacar sus propias conclusiones. Que tienen que enfrentarse a los problemas sin prejuicios, que al final la razón o su razonamiento se deben imponer a sus propios sesgos o ideas establecidas.

Y con esta misma premisa, ¿cómo valora usted la evolución de la innovación en nuestro país durante los últimos años?

Por desgracia, el aumento de la productividad es la gran asignatura pendiente de nuestra economía desde hace ya décadas. Muchas son las causas, pero me parece especialmente sangrante la situación de la I+D+i en España. Hay pocas cosas que generan tanto consenso entre los economistas como la importancia de ésta para mejorar la productividad. En nuestro país la política de I+D es un desastre. El gasto directo ejecutado no financiero era del 0,43% del PIB en 2009 y en 2018 del 0,20%. Es decir, en una década se ha reducido a menos de la mitad. ¿Cómo puede ser que se invierta la mitad que hace diez años? ¿Que sentido tiene esto, cuando sabemos que la I+D deber ser prioritaria? El gobierno que salga de las urnas tendrá que volver a los niveles de inversión en I+D previos a la crisis. Tiene que duplicar el presupuesto en esta materia. Y tiene que hacerlo con inversión real, no vía créditos que sabemos que no se usan. Esta medida ayudaría sobre todo a la investigación base o a la que se realiza principalmente en las universidades o los centros de investigación. Todo el mundo entiende que la ciencia o investigación básica es la más importante, pues es la que consigue incrementar el conocimiento de la realidad. Y esta investigación no se realiza con créditos que hay que devolver, pues conlleva siempre un mayor riesgo de monetizarse o de arrojar beneficios inmediatos. Tiene que hacerse a través de inversión directa.

Existe un consenso en que las profesiones más demandadas en el futuro estarán relacionadas con las nuevas capacidades y habilidades digitales.

Exactamente. Será necesario que los trabajadores adquieran habilidades digitales que sean complementarias a las nuevas tecnologías. Y esto será un proceso dinámico y continuo. Las empresas deberán preocuparse porque se sus trabajadores tengan una formación continua en toda su etapa laboral, para evitar que su productividad caiga con la edad, y a medida que se vaya desplegando la revolución tecnológica.

¿Esta nueva situación contribuirá a reducir o a aumentar la brecha de género en el empleo?

Este es un tema muy importante. Me preocupa mucho la brecha digital. La participación educativa de las niñas y mujeres en las disciplinas que les permitirán tener un buen desempeño en un mundo digital, como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas es inferior a la de los niños/hombres. En mi opinión, de todas las brechas de genero existentes, una de las más preocupantes es la digital. Ahora que el mercado laboral está avanzando hacia la convergencia entre hombres y mujeres, el hecho de que la revolución digital suponga un aumento del peso de los empleos tecnológicos puede frenar este avance, si las mujeres no consiguen participar en estas actividades en la misma medida que los hombres. Un 50% de la población con menor formación tecnológica y en herramientas digitales supone una pérdida de talento y de empleo que nos podemos permitir, sobre todo en pleno proceso de envejecimiento poblacional. Reducir las brechas digitales consiguiendo que las mujeres estudien las carreras STEM (del inglés Science, Technology, Engineering y Mathematics).

¿Qué desafíos plantea la longevidad en España?

Aparte de lo comentado, es fundamental que el sistema de pensiones se adapte a la nueva realidad demográfica. Hay que romper la dinámica del siglo XX donde, a medida que aumentaba la longevidad, el diseño de las pensiones facilitaba la salida del mercado laboral a edades cada vez más tempranas (con la aparición de la jubilación anticipada y las pre-jubilaciones). Para la media de los países industrializados, la combinación de ambas realidades duplicó la duración de la jubilación, que aumentó en 10 años: 4 años por el aumento de la longevidad y 6 por las prejubilaciones, para un número cada vez mayor de jubilados. En este siglo la edad efectiva de jubilación, de una forma u otra, acabará estando relacionada con la esperanza de vida en cada momento. Es decir, la edad de jubilación, aunque de forma flexible, aumentará de manera rítmica a medida que aumente la longevidad. Y, por otro lado, una vez alcanzada la jubilación, se permitirá la plena compatibilidad entre la percepción de la pensión y el salario. Los trabajadores no pasarán del trabajar a jubilarse en una sola noche, sino que habrá una reducción gradual de la jornada laboral. Y es en este período de transición donde se permitirá complementar el salario con la pensión.

Volvamos al futuro inmediato. ¿Cómo cree que se comportará la economía española en 2020?

La economía esta claramente en desaceleración. Es decir, estamos creciendo, pero a un ritmo inferior al de hace un año. Y, en este escenario, hay riesgos que, de realizarse, podrían llevarnos a una recesión. Muchos de ellos son internacionales y están fuera del control del gobierno como, por ejemplo, la guerra comercial, la posible recesión en Alemania, locomotora europea, un Brexit duro, tensiones en Irán, y otros que aparecerán. Pero también hay riesgos de carácter nacional, que sí están en nuestra mano disiparlos, como la parálisis institucional. Y es que llevamos desde 2012 sin reformas estructurales o modernizadoras; y esto no nos lo podemos permitir por más tiempo. Dentro del euro, o hacemos reformas que mejoren la eficiencia económica y la productividad, y que nos mantengan competitivos, o empezaremos a aumentar nuevamente los desequilibrios macroeconómicos y los riesgos de entrar en una nueva recesión. No podemos pararnos. Y espero que esto lo entiendan nuestros representantes políticos y que dejen de primar sus intereses particulares y empiecen a pensar en el interés general. Las grandes reformas transformadoras que necesita nuestro país van a requerir de grandes acuerdos.

Usted, en particular, ¿contempla una posible recesión a corto plazo?

Como he dicho anteriormente, hay ciertos riesgos sin duda; pero si yo lo supiera con certeza, no se lo diría a usted y me haría fácilmente millonario invirtiendo de forma adecuada…

Según el Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, que impulsan Crédito y Caución e Iberinform, el 40% de las empresas españolas sufre el impacto de la incertidumbre internacional. ¿Cómo cree que les están afectando cuestiones como el Brexit o la guerra comercial entre Estados Unidos y China?

Toda incertidumbre es mala para la economía, pues las empresas posponen sus proyectos de inversión o los hacen menos ambiciosos.