#twecos: Emilio Ontiveros, catedrático emérito de economía de la UAM y presidente de AFI

“España necesita complementar la inversión doméstica con la internacional”

Por Javier Labiano 07/10/20

¿Qué grado de incertidumbre económica tenemos en España en estos momentos?

Hay dos ámbitos de incertidumbre que están trasladando consecuencias adversas a la situación económica. En primer lugar, está la incertidumbre sanitaria. Aunque la información que se tiene en estos momentos es mayor, hay una percepción de que el post-confinamiento no se está gestionando de forma adecuada, lo que condiciona la recuperación. Probablemente, las consecuencias en términos de contracción del PIB no van a ser tan adversas como en la primera fase, pero ya deberíamos estar inmersos en una recuperación muy acelerada. Algunos instituciones y analistas anticipaban para este trimestre ritmos de recuperación en torno al 12% o 13%, y lo que estamos observando es que las decisiones de inversión empresarial en la mayoría de sectores están siendo condicionadas y que el gasto de las familias también está congelado. Luego hay un elemento adicional que, en nuestro caso, perturba el horizonte de recuperación y la toma de decisiones a medio plazo, sobre todo en las empresas, que es la crispación y el desencuentro político. La incapacidad de poder anticipar un mínimo consenso que permita hablar en Bruselas con una sola voz; y esto es muy importante, sobre todo ahora, porque nos estamos jugando 140.000 millones de euros.

¿Será nuestro país capaz de utilizar adecuadamente estos fondos de reconstrucción europeos?

Los fondos están a la espera de proyectos bien articulados que seguro que las administraciones públicas, junto con la iniciativa privada, van a poner sobre la mesa. Pero también hace falta articular un mecanismo de cohesión política, no solo en el corto sino también en el medio plazo, lo que sería una señal importante para Bruselas y para la inversión extranjera. España necesita complementar la inversión doméstica con la internacional. Desde que entramos en Europa, hemos sido atractivos para los flujos de inversión directa, pero no hay cosa que despiste más a los inversores que una insuficiencia de información sobre qué va a pasar en un país independientemente de quien gobierne en cada momento.

¿Qué nos estamos jugando exactamente?

Los principales partidos políticos deberían ser conscientes de que, en estos meses, nos estamos jugando una recuperación modernizadora de España. Este año tendremos la recesión más severa de la historia, pero la economía española se va a recuperar. En 2021 creceremos el 5% o el 7%. Será una recuperación tibia e insuficiente, y tardaremos no menos de tres años en volver a la renta por habitante que teníamos antes de la crisis. Pero, para mí, lo relevante no es eso, sino salir de esta crisis con menor vulnerabilidad de la que entramos. Aprender y aprovechar los recursos europeos para reducir esa fragilidad que muestra la economía española ante cualquier crisis, ante cualquier viento adverso que viene de fuera. Mejorar la capacidad de generar productividad, de ensanchar el crecimiento potencial: mejorar también el censo empresarial, la dimensión media de nuestras empresas, la calidad de la oferta en sectores donde tenemos ventajas competitivas evidentes, como el turismo y el automóvil. Yo no soy de los que defienden darle una vuelta radical al patrón de crecimiento de la economía española, sino mejorar lo que ya hacemos.

¿Ha frenado en seco la pandemia la transición digital y energética?

Yo creo que no, solo está subyaciendo. Afortunadamente, nadie cuestiona la prioridad de acelerar la digitalización de la economía española, que está manifiestamente retrasada, y la transición energética, que no lo está. En cuanto a esta última, España contaba ya hace 14 años con un buen mix de energías alternativas y dispone de empresas de primera línea en energías renovables y presencia internacional. Además, ahora tenemos compañías con financiación verde y algún banco líder en este ámbito. En consecuencia, los mimbres de la transición energética hacia las exigencias que pone Bruselas están más avanzados que los de la transición digital. Todos los partidos políticos coinciden en que hay que digitalizar la sanidad, el sector turístico, las administraciones públicas y la enseñanza, además de crear infraestructuras digitales en la España vacía para revitalizar núcleos rurales que estaban siendo abandonados. A cambio, Bruselas solo pide un cierto acuerdo y algunas reformas tendentes a modernizar la economía, la educación, el mercado de trabajo, la competencia, los mercados y las administraciones públicas.

¿Qué consecuencias tendrán a largo plazo los altos niveles de deuda pública generados durante la crisis?

Va a depender mucho del ritmo y la calidad del crecimiento. La condición necesaria, aunque no suficiente, para pagarla es el crecimiento económico y la consiguiente recaudación tributaria. La deuda pública va a terminar el año en torno al 115% o 117% del PIB, que es mucho. No es la mayor de Europa ni de la OCDE, pero, como decía, la forma de digerirla va a depender del ritmo al que crezcamos. Precisamente, otra razón para contar con un mínimo consenso político en nuestro país es trazar un horizonte de saneamiento de las finanzas públicas, de reducción de la deuda pública en el medio plazo. A cualquier inversor internacional le interesa conocer si la clase política española sabe lo que tiene que hacer, de forma mínimamente consensuada, para reducir la deuda y el déficit en los próximos cinco años, gobierne quien gobierne.

¿Qué papel cree que juega el seguro de crédito en este momento de incertidumbre y perturbación del riesgo de crédito?

Un papel más importante que nunca. Hoy en día, el concepto de seguro es más clave que en ningún otro momento por la existencia de incertidumbre y riesgo. El riesgo no es otra cosa que la incertidumbre probabilizada, pero es que ahora hay mucha incertidumbre y falta de información completa. Es en estos escenarios donde las compañías de seguros que tienen una oferta suficientemente versátil triunfan. En particular, el seguro de crédito sería la forma de transmitir tranquilidad para que los flujos de inversión crediticia, no solamente bancaria sino en todos los sectores, tuvieran un comportamiento normal. Yo creo que es esencial para asentar la recuperación.

¿Cuál es la situación de la deuda privada?

España tiene un serio problema de deuda pública, pero no de deuda privada, que hemos ido reduciendo hasta hace tres meses, cuando repuntó un poco la de las empresas. La deuda de las familias se sigue conteniendo por el efecto precaución y, a pesar de que la renta esté cayendo, la propensión al ahorro aumenta. La prueba es que los depósitos bancarios están en máximos.

¿Hasta qué punto se pueden endurecer las condiciones de financiación para las empresas?

Es lo que más me preocupa. Si la recuperación se sigue aplazando y la tasa de mortalidad empresarial en España continúa siendo relativamente elevada, vamos a ver un repunte de la morosidad y mayores restricciones por parte de las entidades bancarias a la hora de aumentar su oferta de crédito.

¿Cómo se comportarán los mercados financieros en 2021?

Tenemos que distinguir los mercados de acciones de los de bonos y otras formas de crédito. Los mercados de bonos, públicos y privados, van a seguir estando muy tutelados por los bancos centrales, por lo que deberían mantenerse estables y no darnos grandes sorpresas, a no ser que haya un problema de solvencia en algunos bonos empresariales. Esto es lo que me preocupa porque el endeudamiento de las empresas fuera de España, sobre todo en Europa, Estados Unidos y China, no deja de aumentar, y quienes se están endeudando no son los que mejor rating crediticio tienen, sino todo lo contrario. En cuanto a los mercados de acciones, yo estoy sorprendido porque en algunos casos han anticipado de forma exagerada el repunte en beneficios e ingresos de sectores muy beneficiados por la pandemia, como los de tecnología y farma. Si lo miramos con lupa, vemos varias cosas: que el gran tirón tiene lugar fundamentalmente en Estados Unidos y no tanto en Europa; que está muy localizado en los valores de crecimiento tecnológico; y que Europa sigue, aún, cotizando muy por debajo de los niveles pre-pandemia. En el caso de la Eurozona tenemos una asignatura pendiente: el peso del sistema bancario, que está cotizando muy por debajo del valor en libros.